Las cosas de febrero

¡Estoy loca de tanta vida! Me siento feliz y perdida. Pero no importa porque la risa corre por mis venas e inunda mis días, mis tardes y mis noches. Finalmente me encontré y recordé las cosas maravillosas que me gustan de la vida.
Se me antoja reír y olvidar las penas. Salir a correr esos sueños que creí perdidos, alcanzar ese bondi que llegó y se fue sin mí.
Encontré un oasis en pleno febrero y volví a sentir lo que siempre espero. El verano me ayudó una vez más y el universo late a mi favor.
Estrellas confundidas por el cielo imaginario escuchan las promesas y los ruegos de la misma chica de todos los años. Una estrella fugaz y un deseo.
Los recuerdos se mantienen, las tristezas se disipan, los remedios no existen.
Quiero aturdirme con la música que me gusta y llorar de emoción. Quiero que el cielo este despejado y pintado de colores pastel.
No siempre entiendo la vida de la misma manera.
A veces soy una nube en el cielo, un lunar en mi espalda o un simple grano de arena en el mar. Me confundo entre millones, me escondo de tu risa y me permito no pensar.
Pero a veces soy el agua del desierto, una casa en un descampado, la esperanza de una mañana o el canto del último pájaro del mundo. Me destapo para ser vista, me hago cargo del tiempo y bailo una canción de amor.

Hoy soy un color que ayer no existía… mañana es otro día.

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