Cosas que pasan

Y acá estamos, nos movemos en un círculo. Y bueno… por lo menos nos movemos.
No podemos negar que somos lo que hicieron de nosotros.
Las relaciones son difíciles. Nadie te enseña a convivir, a ser sociable, a formar lazos y saber mantenerlos.
Nos largan al mundo con los saberes que “vaya a saber quién” dijo que teníamos que tener en nuestras cabecitas. Y no, no es suficiente.
Vamos enojados con el mundo entero… no escuchamos, no hablamos, dejamos que todo fluya y chocamos con planetas vecinos.
Entonces… ¿Cuántas horas de terapia necesitamos para aprender a relacionarnos con las personas?
Y no hablo de los muy necesarios “Por favor” “Gracias” “De nada” “Permiso”. No estoy hablando de un “Hola”, de un “Buenas noches” o de un simple gesto.
Hablo de como arruinamos todo cuando lo que pensamos no coincide con lo que queremos decir, ni lo que creemos decir coincide con lo que realmente decimos.
Entonces largamos al viento una frase que antes pasó por el teléfono más descompuesto de la historia.
Pero todo no termina ahí, además tenemos que considerar que lo dicho sea entendido por la otra persona.
Y entramos en una conversación de locos donde nadie dice lo que realmente quería decir.
Donde lo que yo quería oír no coincide con lo que oigo y lo que creo entender no coincide con lo que quiero entender y mucho menos con lo que entiendo finalmente.
Cada uno entiende lo que quiere y sigue en la suya. Volvemos a casa y pensamos en lo que pasó pero ninguno sabe. Pegamos las relaciones con cinta y seguimos.  
Porque las personas nos dicen quiénes son, tal vez no directamente, pero lo hacen. Somos nosotros los que ignoramos eso y lo preferimos así porque queremos que sean lo que nosotros queremos que sean.
Creo que esto es así porque tenemos miedo de estar solos. Entonces forzamos una relación, una amistad, una sociedad, etc.
Nadie te enseña a darte cuenta que la persona que está al lado tuyo es toxica, o que no le interesas en lo más mínimo. Pienso que puede ser porque nadie sabe, porque es algo que tendremos que aprender solos. ¡Hasta que nos demos la frente contra la pared!
Tal vez si dijéramos lo que pensamos el otro entendería.
Tal vez si dejáramos de imaginar lo que los demás piensan podríamos escucharlos.
Tal vez si aceptamos lo que nos dicen podemos decidir si queremos que esas personas sigan formando parte de nuestras vidas o no.

Si las estamos queriendo como son realmente o como quisiéramos que sean… 

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