Sin vos
El primer día sin vos fue el 22 de diciembre de 2025.
Fue horrible.
Sentía un vacío que no podía llenar con nada y un cansancio que me aplastaba. Seguías en tu cama, pero no estabas ahí. Me costaba mirarte. Me costaba saber que no iba a volver a verte nunca más. Ni acariciarte. Ni sentir tu olor.
Andy se levantó en automático y empezó a hacer cosas.
Yo me sentía devastada. Hice mate pero no tenía ganas de comer ni de tomar nada.
Como ayer.
Gracias a Dios por mi ansiedad, porque no dejé que el agua hirviera y eso me salvó de lastimarme peor después. Porque mientras Andy cavaba, quise ayudar y me agaché teniendo el termo abierto debajo de la axila. Me volqué el agua en la mano. Me quemé.
Consecuencias de no dormir la noche anterior. Y de haber estado tanto tiempo llorando. Y en alerta. El cerebro no me funciona bien.
Recuerdo haber pensado que al menos sentía algo cuando la mano me ardía. La puse en un bol con agua fría mientras lloraba en el comedor.
Vos seguías ahí.
A las 8 de la mañana Andy me dijo que estaba todo listo. Llamé a mi hermano y a mi mamá.
Te acaricié una última vez y volví a llorar. Te corté un mechón de pelo de la cola y de una de tus patitas. Lo mismo había hecho con Charlie. Es una manera de que estés conmigo para siempre, aunque sea estúpido. Aunque sé que siempre vas a estar conmigo igual.
Te enterramos junto a tu perrita de peluche, tuya desde que eras un cachorro.
Me costó muchísimo verte así. Lloré mientras le decía a Andy que no estaba bien, porque ibas a ensuciarte con la tierra y así no podías subirte a la cama. Que vos siempre estabas limpito y pomposo.
Andy me preguntó si quería decirte algo. Y no pude.
¿Qué podía decirte que vos no supieras?
Que te amé con el alma. Que te amo. Que fuiste mi vida entera.
No podía decirte nada porque no quería verte así. No quería que esto estuviera pasando. Quería que todo volviera a ser como antes. Quería que te quedaras conmigo.
No quería estar enterrándote.
Volvimos adentro y me puse en modo automático otra vez. Me dolía la mano. Busqué la mopa y limpié el cuarto. Pusimos a lavar tu cama. Sacamos tus platos.
Es horrible mirar para ese lado y que no estén tus cosas. Que no estés vos.
Me bañé teniendo cuidado de no mojarme la mano porque todavía me ardía. Después volví a la cama. Andy seguía ahí. Intentó que comiera algo pero seguía sin poder.
Decidí que tenía que avisarle al mundo. Me costó muchísimo elegir una foto tuya. Encontré videos. Seguí llorando.
Siento que Andy está sufriendo, pero que cree que no merece sufrir más que yo.
Y eso también me duele, porque fue tu papá y te amó con la misma intensidad...
Tanto que se quedó toda esa noche en el suelo hasta que quisiste irte.
Lo que más me cuesta es el silencio. Hay tanto silencio desde que no estás. Y a veces siento que puedo escucharte, pero es solo mi cabeza jugándome en contra.
Tuve que ir a trabajar porque había acto. Y ahí empecé a sentir algo más además de dolor: bronca. Mucha bronca. Quería pelearme con alguien. Quería gritar.
Me enojaba que el mundo siguiera girando. Que todos estuvieran tan festivos por la Navidad. Que me pidieran trabajar cuando solo quería estar tirada llorando.
No quiero ser productiva.
Quiero estar con vos, que me des besitos y te duermas sobre mí.
A pesar de todo, me hizo bien estar fuera de casa. Pensar en otra cosa.
Pero cuando salí del trabajo pasé por tu veterinaria y casi me largo a llorar.
Pasé por el barrio donde vivíamos antes y me acordé de tus paseos diarios, esas cuadras que caminamos tantas veces.
Cuando llegué al centro no pude evitar entrar a la iglesia. Me senté un rato ahí, sola, a pedir por vos. Buscando consuelo, en realidad.
Me di cuenta de que mi cerebro está muy agotado. No podía recordar una frase del Padre Nuestro. No podía. Simplemente no estaba en mi memoria, y era imposible porque había estado repitiendo oraciones en mi cabeza desde que empezaste a estar mal.
Tuve que concentrarme hasta que apareció.
Después de un rato me fui. Me encontré con Andy y volvimos a casa.
Cuando llegué fue un volver a empezar. Miré para donde ahora estás y me dieron ganas de llorar otra vez.
Vi tu camita secándose en el tender y entré a la casa.
Tuve el impulso de decir "¿Dónde está mi chiquito? Holaaaa mi chiquitooo", pero vos no estabas.
Y fue horrible.
Me senté en el sillón. Miré tu lugar, ahora vacío, y te saludé igual.
Bajito, para no parecer una loca y para no poner mal a Andy.
Pero él se dio cuenta igual.
Nos quedamos en el sillón hablando de otra cosa. Merendamos.
Mi mano ya me dolía menos, por suerte.
Le conté sobre mi día de mierda. Sobre cómo casi discuto con mis directoras porque son inútiles (cosas que tolero en un día normal pero no hoy).
No en diciembre.
No con todos estos sentimientos en el pecho.
Lloramos juntos por vos. Por nosotros. Porque no estás y es una mierda.
Me contó que él también lloró en la oficina. Yo aguanté hasta casa porque no quería que me vieran. Admito que estoy agotada de llorar.
Hablamos mucho. Le conté todo lo que sentía para que él no se sintiera tan solo. Para no sentirnos solos.
Te dije que íbamos a estar bien. Y vamos a estarlo. Pero nos va a costar, bebé.
Te extrañamos mucho.
Decidí no usar demasiado el celular. Me distrae ver boludeces y me hace reír un poco, pero Instagram hace algo horrible: me muestra publicidad de cosas relacionadas con perros. Y no puedo. No ahora.
El hijo de puta de Instagram me bombardea con publicidad oportunista de "Recordá a tu amigo con esta medalla de mierda" o artistas que hacen cuadros de tu mascota.
Golpe bajo. Bajísimo.
Tampoco quise seguir con la novela, pero necesitaba tener la cabeza en otro lado. Agarré el Kindle y retomé el libro que había dejado hace unas semanas. Me ayudó bastante porque no tiene nada que ver con lo que me está pasando.
Leí hasta que tuve sueño y dormí. Mucho. Todo lo que no pude dormir la noche anterior.
No soñé con vos, aunque me hubiera gustado.
El segundo día sin vos empezó más tranquilo, pero igual de silencioso.
Por suerte hoy no tengo que ir a trabajar. No me interesa ser productiva. Pero Andy tiene que llevar el auto al mecánico y hacer compras navideñas.
Me preocupa. No quiero que se guarde las cosas. Siento que se esconde en el baño para llorar, para no ponerme mal. Pero no puede evitarlo.
Te extraño.
Hoy me animé a escuchar un poco de música con los auriculares. Hoy empecé a escribir esto. Siento que puede ayudarme a sacar lo que llevo adentro.
Odio que esto haya pasado tan cerca de las fiestas. Odio tener que fingir que me importan.
Porque no me importan.
Me parece estúpido que alguien esté esperando que llevemos vitel toné. Quiero que me dejen sola y poder pasar todo esto en paz.
Odio que hayas pasado la noche afuera. Es la primera vez que dormís afuera de la casa y no me gusta.
Odio que no estés.
Mi tercer día sin vos. 24 de diciembre de 2025.
Anoche alguien olvidó la manguera de desagote en la pileta. Se inundó el patio y eso me angustió porque vos ahora dormís ahí.
Hoy trate de fingir demencia por mi bien. Trate de no exigirme. Y de respetar mi silencio. Mi espacio.
Estábamos invitados a la casa del hermano de Andy desde temprano. Yo no lo sabía.
Le agradecí a Andy por cuidarme.
Es muy difícil fingir que estás bien todo el tiempo… son demasiadas horas.
A pesar de eso trate de no estar mal.
Despedí a mi papá y mi hermano que se iban a lo de la abuela.
Papá me dijo “podrías haber ido”. Yo elegí interpretar que lo que quiso decirme fue “quiero pasar la navidad con vos”.
Igual me quedé.
Me arreglé.
Mucho. Porque eso me hace sentir mejor. Más segura.
Fuimos a la cena con la familia de Andy. Creo que él estuvo contento por eso y eso me hizo bien a mi.
Nosotros funcionamos como un bloque.
Me reí. Me divertí.
En un momento dijeron algo así como “a partir de ahora podríamos hacer una fiesta y una fiesta”.
Me hizo acordar a las miles de discusiones en casa por ese asunto. Mis papás pretendiendo ser justos…
No dije nada. No puedo prometer nada. Menos ahora.
Pero… si hay algo que quisiera prometerle a mi linaje es que no quiero que se sientan en la obligación de cumplir con nadie más que con ellos mismos. El futuro dirá…
Se hicieron las doce. Y nadie brindo. Llore un poquito porque me abrazaron y me acordé de vos.
Me acordé de mi abuela también.
Me acordé de lo ruidosa que es mi familia y de cómo estarían gritando feliz navidad 20 veces (porque lo decimos uno por uno) y abrazándose.
Y como corrieron después al árbol para abrir los regalos.
Hicimos videollamada con Rafa. Participe de esa forma. Los extrañe.
Vi a mi abuela y casi lloré. No me acostumbro a verla tan chiquita, tan grande.
Después volví a la mesa. Abrimos los regalos. La pasamos bien.
Me fui a dormir.
El cuarto día sin vos fue navidad.
Viajamos a lo de mi abuela.
Por suerte nadie me sacó el tema de tu partida. Hablamos de otras cosas.
Pero lo sabían y me daba cuenta por como me abrazaban.
Hacía calor.
Hablé con mi abuela. Con mis primos, con mis tíos.
Me metí a la pileta.
Jugamos al juego que le regalé a Berni.
El día se pasó rápido.
Nos sacamos muchas fotos.
Y nos tuvimos que ir.
Navidad fue el primer día que no lloré.
Me preocupa mi abuela y la chica que la está cuidando. No sé cómo ayudar en eso.
Mi papá no parece muy conectado con nosotros.
Llegamos tarde a casa. Dormí mucho.
26 de diciembre de 2025.
Mi quinto día sin vos.
Estuvimos todo el día tratando de no hacer demasiadas cosas. Nos metimos a la pileta. Hizo muchísimo calor.
Te extrañe mucho.
Rafa te nombró sin darse cuenta.
Andy también. Dos veces.
Hablamos de vos.
Andy me dijo que está triste y me alegro escucharlo hablar del tema.
Nos va a costar.
Tuve ganas de pensar en el año nuevo.
Se me ocurrió conseguir unas luces para decorar.
Hablé con Sabrina para visitarla. Le llevamos un regalito a Ludmi.
Estuvo lindo.
Nadie nos preguntó demasiado sobre el tema.
Ahora tengo ganas de que lo hagan.
No quiero vivir como si no hubieras existido.
No quiero que te olviden tan fácil.
27 de diciembre de 2025
Sexto día sin vos.
Nos levantamos temprano. Fuimos a comprar las luces que quería. Las conseguí.
Hacía muchísimo calor.
Estuvimos casi todo el día en la pileta.
A la tardecita fuimos a la casa de Agus y Andrés. Le llevamos regalos a las nenas. Y ellas nos dieron unas cositas que hicieron en cerámica.
Fue lindo estar con amigos.
28 de diciembre
Estoy tratando de vivir lento. Estos últimos días fueron simples… los quise simples.
El año 2025 fue muy duro para mi y quiero terminarlo en paz.
Siento que ya está… ya se termina. Pero por las dudas estoy tratando de no moverme demasiado, de darme espacio, darme tiempo.
Pero al parecer el año sigue obligandome a moverme, a trasformarme, a elegir.
Así que acá estoy… A tres días de terminar el año sintiendo que defino mi vida una vez más.
Confío en que todo es para mejor.
Hoy tenemos la misa de la familia y es la primera vez que no estás en nuestra familia. Voy a pedir por vos.
votre âme soulage la souffrance.
21 de enero de 2026
Mañana hace un mes que te fuiste.
Pasaron muchas cosas en este tiempo.
Con Andy nos fuimos de vacaciones y nos mimamos mucho.
Nos hizo bien estar solos, atravesar el duelo en silencio.
Porque eso es lo que quedó desde que no estás:
silencio.
Un silencio abrumador, lleno de cosas que no hace falta decir.
Porque las sabemos.
Los dos sabemos que está siendo difícil.
El día que puse los pies en el mar le hablé de vos.
Le conté que te habías ido y que estaba triste.
No sé cómo puede ser posible, pero una mariposa naranja pasó a mi lado y voló sobre las olas.
Quiero creer que eras vos.
Más de una vez me encontré con una sensación extraña:
me falta algo.
Me faltás vos.
Me di cuenta de que ya no había nada que me apurara para volver a casa.
Que no estabas esperándome.
Que no tenía que volver rápido.
Que ya no estabas ahí haciendo renegar a tu abuela porque nos extrañabas.
Me acordé de aquella vez que nos fuimos a Brasil.
Nos esperaste con un berrinche y nos recibiste con toda tu alegría.
Te recosté sobre mi pecho y nos quedamos en el sillón por horas.
Los días siguientes te di el doble de mimos y de mañas para compensar.
Este año habíamos decidido vacacionar más cerca,
para poder volver rápido
o para poder llevarte y que el viaje no te canse.
Porque sí: nuestra vida giraba alrededor tuyo.
Y ahora…
no sabemos qué hacer.
Tucson nos acompaña bastante, a su manera.
El domingo pasado no aguanté más y lloré un rato.
Me duele ver tus lugares, tus cosas.
Estuve pensando en donar algunas de ellas.
Todavía no pude poner una plantita donde estás.
No sé por qué, pero no quiero ir.
No estoy lista.
Te extraño tanto, mi chiquitito.
Falta poco para mi cumpleaños
y me gustaría que estés acá.
22 de febrero de 2026
Hoy hace dos meses que te fuiste.
No se hace más fácil.
A veces lloro en silencio.
No puedo sacarme de la cabeza tu último aliento.
Esa noche fue horrible
y no quiero recordarte así.
Febrero se pasó rápido.
En unos días sería tu cumpleaños.
Sigo sin creer que no voy a volver a verte.
Puse un cuadro con una foto tuya en la casa.
Una foto divertida.
Trato de hacerme la liviana, pero es difícil.
Extraño nuestras siestas en la cama.
Extraño mucho tus besitos tibios y delicados.
Extraño tu ladrido.
Se me ocurrió volver al blog.
No creo que nadie lo lea, pero necesito dejar esto en otro lado que no sea solo mi diario.
Te extraño.
Siempre.

Comentarios