Otoño
Otra vez el mundo volvió a su eje, la vida se acomodó y se ríe
de mis múltiples e inútiles intentos de robarme un salvavidas. Se ríe de mí
como lo hizo cuando me dio a probar ese pedacito de vida al cuadrado que ahora
me quita (por segunda vez).
Siento que sigo sentada en un asiento poco cómodo de un tren
que avanza muy rápido y no para en ninguna estación. Grito para que me dejen
bajar pero nadie escucha. Mi salvavidas había apretado el freno pero ahora se
soltó y una vez más estoy atrapada.
Nos volvimos a ir. Te fuiste con el mismo mes que te trajo.
Te fuiste y te llevaste todas esas cosas que me hacen ser mejor… te fuiste dejándome sola en este tren. Yo me fui
sin decir palabra. Me fui dejando un beso. Me fui sabiendo que no volvía.
Nos fuimos y sonó un “Valió la pena” en la
atmosfera del lugar.
Explotó la sonrisa, se escapó mi alma y la huida del
salvavidas se llevó la calma. Jamás voy a entender el corazón de mi viajero. El
desconcierto me marea y no me deja ni las ganas de sufrir.
Es todo tan blanco y sincero que me niego a renunciar, me
niego a que perturbemos esta armonía perfecta. Lo quiero encontrar una vez más
y otra más y otra y otra… por más que pasen meses o años. Es la excepción a
todas mis reglas.
Eternamente soy y voy a ser la que llegó a la puerta, vio
que había, pidió una muestra gratis y se retiró del lugar. Por vez numero un
millón. Y ni siquiera tengo un buen motivo para estar mal. El solo hecho de
haber vivido algo único me hace sonreír.
Tengo tiempo de alimentar a mi alma con recuerdos,
guardarlos para el invierno y comprar algo nuevo para la primavera.
¡Bienvenida a la segunda estación del año que menos quiero!
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