Pensamientos de una tarde de verano
Mañana cuando me encuentre, voy a recordar las cosas que
siempre pensé imposibles. Después charlaremos un rato y saldaremos las cuentas
pendientes.
Una típica tarde de verano. Donde el viento caluroso roza la
piel de un cuerpo relajado, pero latente. Los ojos cerrados piensan: “¿Qué hice
durante dos meses? ¿Logre recolectar suficientes vivencias? ¿Nuevas experiencias?
¿Qué tengo para contar?” y asienten complacidos.
Las primeras dos semanas del año transcurrieron tan
ferozmente que dejaron la mente aturdida. Pero este último tiempo logró darle
un giro a la situación… ¡Estoy viva! Encontré una nueva forma de resucitar.
Varias cosas dejaron de importar y eso es triste… pero fue
la única forma que encontré de salir adelante. El mundo entendió que soy un
fantasma buscando un flash, mi alma estrenó un año más y mi cuerpo un año
menos.
La decisión de no privarme de absolutamente nada está
funcionando. Sola, acompañada, obligada, asustada, decidida, perdida… del modo
que sea pero voy. Y así descubro un nuevo continente, un nuevo color, una nueva
canción, un nuevo amor, un nuevo amigo, una nueva forma de ser.
En menos de lo que creo se termina lo dulce… y empiezan
otras cosas. La idea es la misma, inventar un oasis en el espacio.
El sonido de los pájaros, el sol en su punto más alto y el
viento… la vida sin minutos ni tornados. Pensamientos de una típica tarde de
verano.
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