Tsunami, derrumbe y reconstruccion. OTOÑO.
Una
hoja que en otoño cae sobre el techo del desastre. Mi casa se vuelve a caer,
los días son siglos del horror. Las proyecciones son cada vez más esporádicas.
Pero el mundo sigue girando, la vida sigue ahí… está esperando que deje de
ignorarla.
Canto
canciones desesperadas, no tengo ni el valor de salir a correr lo que ya perdí.
Sigo esperando un absurdo.
Estoy
cada vez más cerca del fondo del mar, no puedo respirar y no me importa. Solo
me preocupa que los recuerdos me acompañen y se muden de planeta conmigo.
Todo
a mí alrededor es caos, pero no quiero prestarle atención. Descubrí que lo que
hace un tiempo creí un desastre, no era tal. Que todo eso me gustaba… que soy
capaz de aceptar todas esas cosas por un segundo de felicidad.
No
tengo intensiones de ser sombría. Se me antoja ser sincera…
No
me imagino haciendo muchas cosas. Tengo la impresión de que voy a perdérmelas…
pero no suelo decirlo porque no es correcto.
Mi
alma está agotada y no sabe qué hacer o hacia dónde ir. Estoy cansada de
resistir, de esperar, de ese eterno invierno y de esa ráfaga de furia que se va
con la misma intensidad con la que vuelve.
Envidio
a las personas que tienen la suerte de tener al menos una desgracia. Porque por
lo menos eso prueba que sienten, que están vivos y que provocan algo en el
mundo.
Muerdo
los puños de mi saco de la rabia que me da escuchar a las personas quejarse de
algo tan voluble. Lo hiciste, lo viviste, lo sentiste.
Estoy
en “piloto automático” hago lo que debo hacer y me apago. Espero que suceda
algo interesante y me prendo. Llega el lunes y me ajusto la corbata…
Estoy
expectante de algo maravilloso. Estoy deseando patear el tablero y empezar a
escribir una nueva historia de aventura.
Y
no, ya no estoy hablado de lo mismo siempre. Me estoy refiriendo a mí. Algo que
va más allá del caprichito… mi cabeza, mis años, mis ganas de hacer cosas que
no estoy haciendo.
Estoy
harta de esperar a que los planetas se alineen. Quiero cambiar mi destino. Se
nos escapa la vida entre los dedos y la gente parece no darse cuenta.
Dicen
que para que nos pase algo debemos hacer algo, y es así.
Si
lo bueno se nos termina hoy, deberíamos tener una buena historia para contar,
una o dos cosas de las que arrepentirnos y millones de cosas para recordar.
No
existe lo importante hasta que algo nos importa, existen los miedos para poder
superarlos, y existen los riesgos para correrlos. Sentado en la comodidad de tu
casa nada va a pasarte… nada malo y nada bueno también.
Necesito
valentía para poder resolver este presente… sacudirme la frente y empezar a
correr.
Comentarios