Mañana tarde y noche
La
mañana me agobia. Despierto con la sensación de estar perdiendo tiempo valioso.
Desayuno
amargura y reproches. Al instante almuerzo risas y anécdotas.
La
tarde me aburre. Espero lo que sigue pero no sé bien para qué.
Me
ataca la rabia, el desquicio, las ganas de gritar, de correr, de liberar la
energía que está por explotar dentro de mi cuerpo. Presiono mis puños con
fuerza… tanto que lastimo mi palma con las uñas.
Miro
la hora cada dos minutos, reviso mi celular a cada instante. ¿Para qué?
Veo
algo de tv… basura.
Vuelvo
a mis hojas, leo, escucho mis canciones preferidas y escribo. Horas, horas y
horas…
A
la noche me persigue la angustia. La soledad de estar acompañada. ¿Para qué?
Después de todo sigo estando sola.
Apago
la luz, intento dormir y no puedo. Entonces me siento en la cama y utilizo ese
tiempo… escribo.
La
madrugada llega más rápido que cualquier otra cosa. Me obligo a dormir, doy
vueltas en mi almohada, escucho los ruidos de la calle, veo la oscuridad que me
rodea… y lloro.
Lloro
en silencio. Lloro de rabia, lloro con angustia, lloro por no saber si tome la
decisión correcta, lloro por lo que podría haber sido y lo que está siendo. Y
así me duermo.
Me
encantaría que fuera diferente, que valores lo que hago, que desees lo que
deseo, que no causes esta sensación rara que hay dentro de mí.
Quisiera
que me importe menos, subirme a unos zapatos altos y salir a ver que hay en la
otra vereda. Pero no es lo que realmente quiero. Quiero que quieras lo mismo
que yo. Que esperes las mismas cosas. Que sientas por mi lo mismo que sentís
por cosas que a mi entender no valen un centavo.
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