Muerta
Hace
meses que su cuerpo le daba señales de que su alma estaba enferma.
Empezó
con cosas sutiles… se le rompían las uñas todo el tiempo y no había lima que
resista.
Luego
su cabeza enloqueció y no supo cómo manejar la presión del mundo.
Lloraba
por las noches para que nadie se enterara que estaba mal y sufría.
El
peor de los terrores llegó cuando empezó a tener problemas para dormir. No
había manera de descansar durante el sueño. Se dormía tarde y se despertaba
tarde.
Una
noche… intentaba dormir cuando sintió que algo tiraba de sus sabanas. Se
despertó rápidamente y volvió a acomodarse. Prefirió ignorarlo.
Más
tarde, en la oscuridad de la madrugada y cuando al fin pudo dormir… volvió a
sentir que alguien tiraba de sus sabanas. No quiso abrir los ojos, estaba
enojada, solo quería dormir y que nadie la molestara. Tironeó de la sabana y
gritó “MORITE” con mucha rabia.
La
verdad es que no le importaba. Sabía que eso que sentía no era más que ella
misma. Era su alma queriendo despertarla, era su vida llamando a la puerta.
Porque ella ya estaba muerta… estaba muerta en vida.
Todo
lo que había sido, toda esa luz que irradiaba, toda esa felicidad que
contagiaba… había dejado de existir. Estaba muerta y nadie más que ella misma
podía ser capaz de revivirla.
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